miércoles, 12 de diciembre de 2012

Experimentación animal: perspectiva desde las tres R.


Dado que mi compañera ha dado su opinión en contra de la experimentación animal, me gustaría dar otra visión del asunto, a favor de la misma. Me basaré para ello en un artículo de Antonio Pardo Caballos, profesor del departamento de humanidades biomédicas de la Universidad de Navarra: Ética de la experimentación animal. Directrices legales y éticas contemporáneas.
Este artículo comienza con una explicación de los grupos detractores de la experimentación animal como PETA(People for the Ethical Treatment of the Animals) que quiere evitar cualquier sufrimiento inútil de los animales en base a un sentimiento afectivo. Apelan a los sentimientos y no a la razón y con sufrimiento inútil se refieren tanto al sacrificio de animales con fines alimenticios, como a peleas de perros o gallos. Esta apelación de los sentimientos se ve  en la distinta intensidad de las campañas según la ternura que despierte el animal muerto (pone el ejemplo de que creó más conmoción la muerte de crías de focas que los millones de pollos que mueren por la alimentación humana).
También hablará de Peter Singer y su obra Animal liberation. Dirá que no existen diferencias cualitativas entre humanos y animales, todos son un cúmulo de células que funcionan coordinadamente. Los animales tienen autoconciencia y son capaces de sentir y sufrir como los humanos. No pueden defender sus derechos, por lo que esto es una campaña de justicia en toda regla y no una simple apelación a los sentimientos.
Incluso muchos científicos han criticado la experimentación animal diciendo que no pueden extrapolarse los resultados de los estudios hechos en animales a los humanos porque no son biológicamente iguales, por lo que los efectos del experimento no serán igual en humanos que en animales.
Frente a todo esto cabe decir, en primer lugar, que claramente hay ejemplos de sufrimiento inútil (como se ha dicho las peleas o pruebas de productos estéticos como ha indicado mi compañera en su anterior entrada) pero que unos pocos cometan tales aberraciones no debería condenar la experimentación médica que sólo busca mejores medicamentos y fármacos para enfermedades como el cáncer que hoy nos preocupan. Además, era más inhumano cuando ni siquiera se contaba con anestesia en las primeras etapas de la experimentación animal. No trataré el tema sobre nuestra alimentación.
En segundo lugar, se sabe que muchos sistemas fisiológicos y bioquímicos no tienen apenas variación en toda la escala zoológica (como el citocromo o los ciclos de los azúcares) por lo que si se prueba un fármaco que afecte a estos sistemas perniciosamente, podemos decir casi con total seguridad que actuará de igual modo en el ser humano. Además, los experimentos dependen de muchas variables por lo que no siempre salen bien, por lo que los investigadores se sirven de cálculos estadísticos para enumerar los experimentos que salen bien frente a los que salen mal(dichos cálculos deberían hacerlos los detractores de la experimentación para tener una base firme para la crítica).
En tercer lugar si hay una normativa que regula este tema. La normativa europea estipula que debe evitarse cualquier sufrimiento o en su caso que sea el menor posible, siempre que sea la única manera de realizar el experimento (si se puede hacer sin usar ningún animal y aún así se usa, está penado por la ley). Para esto está la regla de las 3R: Reemplazar, Reducir, Refinar.
La primera dice que si se puede evitar usar animales y usar sustitutivos será siempre preferible; la segunda, en el caso de tener que usar animales, usar sólo los animales necesarios y no más de lo que se necesita; la última R se refiere a los procesos que pretenden minimizar el sufrimiento o la ansiedad de los animales. Se debe tener en cuenta lo siguiente:
-Empleo de equipamiento adecuado y entrenamiento y experiencia correctos de los investigadores.
-Empleo de animales más bajos en la escala filogenética.
-Empleo de animales expresamente criados en cautividad. Si no se pueden obtener, se mira que los animales sean fáciles de obtener para evitar largos transportes y cuarentenas.
-Examinar los procedimientos.
-Procurar que la muerte espontánea del animal no sea el punto final.
-Disminuir los efectos secundarios de los procedimientos empleados mediante anestesia, analgesia, etc, si es posible.

En definitiva, si bien muchas investigaciones(no estrictamente científicas) provocan un sufrimiento innecesario a los animales, no debemos condenar la experimentación pues existe una legislación dirigida específicamente a no producir sufrimiento ni físico ni psicológico a los animales y, aunque no lo parezca, esta legislación se respeta por la gran mayoría de la comunidad de investigadores.

Alejandro Far Huete

No hay comentarios: